Un sitio donde cuento mi experiencia personal en la lucha exitosa contra un cáncer de mi esposa y en la superacion de mi obesidad mórbida
domingo, 2 de septiembre de 2012
sábado, 11 de agosto de 2012
¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD?
Lo que habitualmente llamamos enfermedad, es solo un síntoma del estado de desorden al cual hemos llevado a nuestro organismo. En sí mismo, el cuerpo humano tiene gran cantidad de maravillosos mecanismos para resolver problemas a los que puede verse sometido: excesos, carencias, toxicidad, etc. Pero nuestro moderno estilo de vida se las ha ingeniado para colapsar esa increí
ble armonía, malogrando la natural capacidad de adaptación a los inconvenientes.
Asumir esta realidad, representa el cincuenta por ciento de la solución de nuestros actuales problemas de salud. Y ese es el objetivo de este sitio: que el lector comprenda cómo él mismo ha generado tal situación de desorden y -por sobre todo- cómo él mismo puede remediar tal problema, en la medida que retorne a los hábitos saludables que nunca debió abandonar.
En esto no hay misterios, y tampoco soluciones mágicas. Los errores se generan principalmente por desinformación. En la medida que sepamos como opera la inmensa inteligencia corporal y comprendamos sus mecanismos, veremos que es muy sencillo jugar a favor (y no en contra) de nuestra propia naturaleza humana. Entenderemos que no habrá medicamento alguno que pueda remediar los problemas, mientras no dejemos de boicotear nuestro organismo con hábitos que van en contra de las leyes naturales que lo crearon.
Inicialmente debemos comprender como funciona el mecanismo de la intoxicación cotidiana y el ensuciamiento corporal. Si diariamente incorporamos más tóxicos de los que podemos evacuar, no necesitamos ser científicos para entender que la acumulación de toxinas acabará por generar un colapso tóxico. Esa es la génesis profunda de la mal llamada enfermedad: desde un eccema hasta un cáncer, todo responde al mismo mecanismo de generación. Solo difiere el grado de toxemia y el órgano mediante el cual, nuestro organismo expresa su claudicación.
Para el correcto funcionamiento corporal es importantísimo el rol que cumple la correcta nutrición, pero de poco servirá una alimentación de alta calidad en un contexto de ensuciamiento corporal crónico. El mejor de los nutrientes puede ser mal aprovechado, como consecuencia de estar atrofiados los mecanismos de la química corporal, a causa del colapso tóxico. La analogía con un automóvil puede ayudarnos a comprender mejor este concepto.
Si su vehículo está carbonizado y fuera de punto, debido al uso de combustible incorrecto, seguramente usted haría limpiar el motor y cambiaría la calidad del combustible. ¿Serviría hacer sólo una de las dos cosas? Con el cuerpo pasa exactamente igual. De poco sirve una sola acción. Hay que depurar para eliminar la vieja escoria que impide el normal funcionamiento. Y también hay que cambiar la calidad del “combustible” para que no vuelva a “carbonizar” la estructura.
Una persona que decida recuperar por sí misma su natural estado de salud y equilibrio, debe abordar irremediablemente el trabajo depurativo como prioridad absoluta. Es evidente que si no comenzamos por “destapar” nuestros filtros orgánicos y moderar el nivel de toxemia, todo lo que hagamos en procura de la salud, perderá efectividad. Viceversa, cualquier práctica terapéutica se beneficiará de la tarea depurativa y de una nutrición no ensuciante.
Ejercer nuestro natural derecho a un óptimo estado de salud, se parece mucho a una mesa asentada en tres patas: todas deben estar fuertes y en equilibrio. Por ello, la tarea de limpieza orgánica se potenciará enormemente con un contemporáneo freno al ingreso de nuevas toxinas y aporte de los nutrientes esenciales que faltan. Trabajar separadamente cada aspecto, conspira contra una rápida recuperación de la salud y el equilibrio.
viernes, 3 de agosto de 2012
HASTA CUANDO?
Mientras los periódicos y las
televisiones hablan de la vida de los famosos, el jefe de la tribu
Kayapo recibía la peor noticia de su vida: Dilma, la presidenta del
Brasil, ha dado el visto bueno a la construcción de una planta
hidroeléctrica enorme (la tercera más grande del Mundo).
Es la sentencia de muerte a todos los pueblos cercanos al río, ya que la presa inundará 400.000 hectáreas de bosque.
Más de 40.000 indígenas no tendrán donde vivir.
La destrucción del hábitat natural, deforestación y la desaparición de multitud de especies es un hecho.
¡40.000 seres humanos!…
¿Y nos preocupamos por 6 o 7 o 10 que llenan las revistas?
¿Qué llevan puesto?
¿Con quién se casan?
¿De quién se divorcian?…
¡Por Dios… qué vergüenza, sentimos los que valoramos cada VIDA COMO ÚNICA!
¡NO hay vidas “MAS DIGNAS” que otras!…
to@s estamos en este mundo para vivir con la misma dignidad… y no habrá
una “guerra justa”(si alguna lo es…), simplemente ante este
imperdonable, habrá un silencio:
¡el de los fuertes!
Lo que conmueve y hace que algo se retuerza por dentro, lo que genera vergüenza de nuestra cultura…
La “impresión” que tuvo el jefe de la
comunidad Kayapo al enterarse de esa decisión, su gesto de dignidad y de
impotencia, bajando la cabeza, llorando… ante el avance de “nuestro
progreso”, hipercapitalista, la modernidad depredadora, la civilización
que no respeta la diferencia …
¿Hasta cuándo aún?…
¿Y qué va a ser ahora mismo tambien de los Dongria Kondh? en la misma situación, y tantos y tantos seres humanos oprimidos…
¿A nadie le importan….?
Sólo podemos cambiarlo nosotros, cada uno de nosotros, no ellos…
Por favor haz que esto circule y sintamos vergüenza…
NUESTRO SISTEMA INMUNOLÓGICO
El sistema inmunológico es asombrosamente complejo. A menudo las
personas hablan de él como si fuera un órgano identificable, como por
ejemplo un pulmón. Nada más alejado de la realidad. Se trata de un
sistema y no de un órgano.
En esencia, nuestro sistema
inmunitario es como una red militar diseñada para defenderse de los
invasores extranjeros. Los “soldados” son los glóbulos blancos, que
están compuestos por muchos subgrupos diferentes, cada uno de los cuales
tiene su propia misión. Estos subgrupos son análogos a un ejército, a
la armada, a la fuerza aérea y a los marines, y cada grupo de
especialistas se ocupa de un trabajo altamente
especializado.
El “centro de reclutamiento” del sistema se encuentra en la médula ósea, responsable de producir células especializadas denominadas células madre. Algunas de ellas, que se liberan en el flujo sanguíneo para cumplir su función en una parte distante del organismo, se denominan células o linfocitos B (B, por la palabra inglesa bones, que significa “huesos”). Otras células formadas en la médula ósea siguen siendo inmaduras, o no especializadas, hasta que se desplazan a la glándula timo (un órgano que se encuentra en la cavidad del pecho justo por encima del corazón), donde se convierten en células especializadas. Se las conoce como células o linfocitos T (por timo). Estas células “soldados” se unen a otras células especializadas y forman un equipo para crear planes de defensa inexpugnables. Se reúnen en las principales intersecciones del organismo, incluidos el bazo (a la izquierda del cuerpo, justo por detrás y debajo de las costillas) y los ganglios. Estos puntos de encuentro son como centros de mando y control, donde las células “soldado” se reorganizan en equipos para atacar a los invasores extraños.
Estas células son sorprendentemente dúctiles cuando se agrupan en equipos. Son capaces de reaccionar endiferentes circunstancias y ante diversas sustancias foráneas, incluso ante aquellas a las que jamás se habían enfrentado. La respuesta inmunitaria ante estos cuerpos extraños es un proceso muy creativo, una de las verdaderas maravillas de la naturaleza.
Los invasores extraños son moléculas de proteína llamadas antígenos; estas células foráneas pueden ser una bacteria o un virus que pretende destruir nuestra integridad física. De manera que nuestro sistema inmunitario se encarga de destruir esos cuerpos extraños, llamados antígenos, en cuanto advierte su presencia. Cada uno de estos antígenos posee una identidad propia, determinada por la secuencia de aminoácidos que contienen sus proteínas. Esto es equivalente al hecho de que cada uno de nosotros tenga una cara diferente. Dado que existe una gran variedad de aminoácidos disponibles para crear proteínas, existe una variedad infinita de caras.
Para contraatacar a estos antígenos, nuestro sistema inmunitario debe personalizar su estrategia de defensa para cada ataque, y lo hace creando una “imagen especular” de la proteína para cada atacante. La imagen especular es capaz de adecuarse perfectamente al antígeno y destruirlo. En esencia, el sistema inmunitario crea un molde
para cada “cara” que encuentra, y utiliza el molde personalizado para “capturar” al invasor y eliminarlo cada vez que vuelve a ver esa cara después del encuentro inicial. El molde puede ser un anticuerpo, una célula B o un componente del receptor de la célula T (una proteína).
La inmunización implica recordar cada una de las defensas desplegadas contra cada uno de los invasores. Por ejemplo, una exposición inicial a la varicela es una batalla difícil; no obstante, la segunda vez que te afecte ese mismo virus ya sabrás exactamente cómo tratarlo y el combate será menos prolongado y doloroso, y mucho más exitoso.
Acaso ni siquiera llegues a enfermar.
especializado.
El “centro de reclutamiento” del sistema se encuentra en la médula ósea, responsable de producir células especializadas denominadas células madre. Algunas de ellas, que se liberan en el flujo sanguíneo para cumplir su función en una parte distante del organismo, se denominan células o linfocitos B (B, por la palabra inglesa bones, que significa “huesos”). Otras células formadas en la médula ósea siguen siendo inmaduras, o no especializadas, hasta que se desplazan a la glándula timo (un órgano que se encuentra en la cavidad del pecho justo por encima del corazón), donde se convierten en células especializadas. Se las conoce como células o linfocitos T (por timo). Estas células “soldados” se unen a otras células especializadas y forman un equipo para crear planes de defensa inexpugnables. Se reúnen en las principales intersecciones del organismo, incluidos el bazo (a la izquierda del cuerpo, justo por detrás y debajo de las costillas) y los ganglios. Estos puntos de encuentro son como centros de mando y control, donde las células “soldado” se reorganizan en equipos para atacar a los invasores extraños.
Estas células son sorprendentemente dúctiles cuando se agrupan en equipos. Son capaces de reaccionar endiferentes circunstancias y ante diversas sustancias foráneas, incluso ante aquellas a las que jamás se habían enfrentado. La respuesta inmunitaria ante estos cuerpos extraños es un proceso muy creativo, una de las verdaderas maravillas de la naturaleza.
Los invasores extraños son moléculas de proteína llamadas antígenos; estas células foráneas pueden ser una bacteria o un virus que pretende destruir nuestra integridad física. De manera que nuestro sistema inmunitario se encarga de destruir esos cuerpos extraños, llamados antígenos, en cuanto advierte su presencia. Cada uno de estos antígenos posee una identidad propia, determinada por la secuencia de aminoácidos que contienen sus proteínas. Esto es equivalente al hecho de que cada uno de nosotros tenga una cara diferente. Dado que existe una gran variedad de aminoácidos disponibles para crear proteínas, existe una variedad infinita de caras.
Para contraatacar a estos antígenos, nuestro sistema inmunitario debe personalizar su estrategia de defensa para cada ataque, y lo hace creando una “imagen especular” de la proteína para cada atacante. La imagen especular es capaz de adecuarse perfectamente al antígeno y destruirlo. En esencia, el sistema inmunitario crea un molde
para cada “cara” que encuentra, y utiliza el molde personalizado para “capturar” al invasor y eliminarlo cada vez que vuelve a ver esa cara después del encuentro inicial. El molde puede ser un anticuerpo, una célula B o un componente del receptor de la célula T (una proteína).
La inmunización implica recordar cada una de las defensas desplegadas contra cada uno de los invasores. Por ejemplo, una exposición inicial a la varicela es una batalla difícil; no obstante, la segunda vez que te afecte ese mismo virus ya sabrás exactamente cómo tratarlo y el combate será menos prolongado y doloroso, y mucho más exitoso.
Acaso ni siquiera llegues a enfermar.
LA CONTROVERSIA DE LA CONTROVERSIA
Imagina que estás mirando la
primera página del diario y encontras el siguiente titular: “La leche
de vaca es la causa probable de la diabetes tipo 1, una enfermedad
letal”.
No obstante, este titular no aparecerá en
primera plana, independientemente de las evidencias científicas
acumuladas, porque la reacción sería violenta y el impacto económico,
monumental. Para acallar este titular, se echa mano de una poderosa
etiqueta: “controversia”. Con todo lo que está en juego, y con la gran
cantidad de información que solo entienden unas pocas personas, es muy
fácil generar y sostener la controversia. La polémica es una parte
natural de la ciencia; sin embargo, es muy frecuente que no sea el
resultado de un debate científico legítimo, sino un reflejo de la
necesidad de postergar y distorsionar los resultados de la
investigación. Por ejemplo, si afirmo que fumar es nocivo para la salud y
presento una montaña de pruebas para apuntalar mi opinión, las
compañías tabaqueras pueden dedicarse a buscar un único detalle que no
haya sido completamente resuelto, para crear luego una polémica en torno
a la idea de que los cigarrillos son malos para la salud, anulando
todas mis conclusiones.
Esto resulta muy sencillo porque en toda investigación siempre habrá detalles sin resolver; esta es la naturaleza de la ciencia. Algunos grupos emplean la controversia para silenciar determinadas ideas, obstaculizar la investigación constructiva, confundir a la población y criticar a las políticas públicas de ser incongruentes. Recurrir a ella como medio de desacreditar hallazgos que causan inconvenientes económicos o sociales es uno de los mayores pecados en el campo de la ciencia.
A las personas profanas en la materia puede resultarles difícil evaluar la legitimidad de una polémica referida a un tema excesivamente técnico, como puede ser la relación entre la leche de vaca y la diabetes tipo 1. Y esto sucede de cualquier modo, a pesar de que estas personas demuestren interés por leer artículos científicos.
Tomemos como ejemplo una revisión científica reciente sobre la asociación entre la leche de vaca y la diabetes tipo 1. En diez estudios humanos (todos ellos con un diseño caso-control) resumidos en un documento que se publicó como parte de una “serie de temas controvertidos”, los autores concluyeron que cinco de los diez estudios indicaban una asociación positiva, y estadísticamente relevante, entre la leche de vaca y la diabetes de tipo 1; los otros cinco no la mencionaban. En principio, este hecho parece revelar una considerable incertidumbre que, como es obvio, ya es un paso más que suficiente para desacreditar la hipótesis.
No obstante, los cinco estudios que se contaron como “negativos” no indicaron que la leche de vaca redujera la incidencia de la enfermedad. Lo que demostraron fue que no había efectos estadísticamente significativos para ninguna de las dos conclusiones. En contraste, había un total de cinco estudios que son relevantes en términos estadísticos y todos ellos arrojaron el mismo resultado: un consumo temprano de leche de vaca está asociado con un riesgo superior de sufrir diabetes tipo 1. Hay solo una probabilidad entre sesenta y cuatro de que este resultado fuera azaroso o aleatorio.
Se dan muchas, muchísimas razones –algunas visibles y otras no– por las cuales un experimento no encontraría ninguna relación estadísticamente relevante entre dos factores, ni siquiera aunque exista dicha relación. Quizá el hecho de que el estudio no incluyera una cantidad suficiente de personas impidió obtener una certeza estadística.
Acaso la mayoría de los sujetos tenían hábitos alimentarios muy similares, limitando así la posibilidad de detectar la relación que se investigaba. Es probable que la evaluación de los hábitos nutricionales que tenían los bebés muchos años atrás fuera lo suficientemente inexacta como para ocultar una relación real. También puede ser que los investigadores estudiaran un periodo de la vida del bebé que no fuera el correcto.
El caso es que si cinco de los diez estudios descubrieron una asociación estadísticamente significativa y los cinco demostraron que el consumo de la leche de vaca estaba vinculado con una mayor incidencia de la diabetes tipo 1, pero ninguno de ellos indicó que la leche de vaca se relacionaba con una reducción de la enfermedad, creo que difícilmente se puede afirmar (como hicieron los autores de esta revisión) que la hipótesis “se ha enturbiado debido a las incongruencias del material publicado”.
En este mismo informe, los autores resumieron otros estudios que comparaban indirectamente la relación entre la lactancia materna y el consumo de leche de vaca con la diabetes tipo 1. Esta compilación incluía cincuenta y dos comparaciones posibles, veinte de las cuales eran estadísticamente relevantes. De esas veinte, diecinueve estaban a favor de la asociación entre la leche de vaca y la enfermedad. Una vez más, la asociación hipotética resultaba considerablemente favorecida, algo que los autores parecen no haber constatado.
Cito este ejemplo no solo con el fin de apoyar el efecto evidente de la leche de vaca sobre la diabetes tipo 1, sino también para ilustrar una táctica que se utiliza a menudo para conseguir que un tema sea controvertido cuando, en verdad, no lo es. Esta práctica es más común de lo que debería ser, además de constituir una fuente de confusión innecesaria. Cuando los investigadores apelan a ella –e incluso aunque no lo hagan de forma intencionada, suelen tener serios prejuicios en relación con la hipótesis presentada. Poco tiempo después de escribir esto, escuché en la Radio Pública Nacional una breve entrevista realizada a uno de los autores de esta publicación sobre el problema de la diabetes tipo 1. Basta decir que el autor se negó a reconocer las evidencias científicas relacionadas con la hipótesis sobre la leche de vaca.
Es bastante improbable que esta investigación sobre la diabetes pueda llegar a los medios de comunicación en un futuro cercano porque es un tema con unas implicaciones financieras desmesuradas para la agricultura y, además, porque hay demasiadas personas con férreos prejuicios respecto de la hipótesis en cuestión. De cualquier modo, existe una abrumadora cantidad de evidencias científicas contundentes que señalan a la leche de vaca como la causa de la diabetes tipo 1, a pesar de que aún no somos capaces de comprender totalmente los complejos detalles mecanicistas que intervienen en el proceso. Y no solo tenemos evidencias del peligro que implica la leche de vaca; también contamos con pruebas contundentes que demuestran que la asociación entre la diabetes y la leche de vaca es biológicamente verosímil. La leche materna es el alimento perfecto para los bebés y una de las cosas más perniciosas que puede hacer una madre es sustituirla por la de vaca.
Esto resulta muy sencillo porque en toda investigación siempre habrá detalles sin resolver; esta es la naturaleza de la ciencia. Algunos grupos emplean la controversia para silenciar determinadas ideas, obstaculizar la investigación constructiva, confundir a la población y criticar a las políticas públicas de ser incongruentes. Recurrir a ella como medio de desacreditar hallazgos que causan inconvenientes económicos o sociales es uno de los mayores pecados en el campo de la ciencia.
A las personas profanas en la materia puede resultarles difícil evaluar la legitimidad de una polémica referida a un tema excesivamente técnico, como puede ser la relación entre la leche de vaca y la diabetes tipo 1. Y esto sucede de cualquier modo, a pesar de que estas personas demuestren interés por leer artículos científicos.
Tomemos como ejemplo una revisión científica reciente sobre la asociación entre la leche de vaca y la diabetes tipo 1. En diez estudios humanos (todos ellos con un diseño caso-control) resumidos en un documento que se publicó como parte de una “serie de temas controvertidos”, los autores concluyeron que cinco de los diez estudios indicaban una asociación positiva, y estadísticamente relevante, entre la leche de vaca y la diabetes de tipo 1; los otros cinco no la mencionaban. En principio, este hecho parece revelar una considerable incertidumbre que, como es obvio, ya es un paso más que suficiente para desacreditar la hipótesis.
No obstante, los cinco estudios que se contaron como “negativos” no indicaron que la leche de vaca redujera la incidencia de la enfermedad. Lo que demostraron fue que no había efectos estadísticamente significativos para ninguna de las dos conclusiones. En contraste, había un total de cinco estudios que son relevantes en términos estadísticos y todos ellos arrojaron el mismo resultado: un consumo temprano de leche de vaca está asociado con un riesgo superior de sufrir diabetes tipo 1. Hay solo una probabilidad entre sesenta y cuatro de que este resultado fuera azaroso o aleatorio.
Se dan muchas, muchísimas razones –algunas visibles y otras no– por las cuales un experimento no encontraría ninguna relación estadísticamente relevante entre dos factores, ni siquiera aunque exista dicha relación. Quizá el hecho de que el estudio no incluyera una cantidad suficiente de personas impidió obtener una certeza estadística.
Acaso la mayoría de los sujetos tenían hábitos alimentarios muy similares, limitando así la posibilidad de detectar la relación que se investigaba. Es probable que la evaluación de los hábitos nutricionales que tenían los bebés muchos años atrás fuera lo suficientemente inexacta como para ocultar una relación real. También puede ser que los investigadores estudiaran un periodo de la vida del bebé que no fuera el correcto.
El caso es que si cinco de los diez estudios descubrieron una asociación estadísticamente significativa y los cinco demostraron que el consumo de la leche de vaca estaba vinculado con una mayor incidencia de la diabetes tipo 1, pero ninguno de ellos indicó que la leche de vaca se relacionaba con una reducción de la enfermedad, creo que difícilmente se puede afirmar (como hicieron los autores de esta revisión) que la hipótesis “se ha enturbiado debido a las incongruencias del material publicado”.
En este mismo informe, los autores resumieron otros estudios que comparaban indirectamente la relación entre la lactancia materna y el consumo de leche de vaca con la diabetes tipo 1. Esta compilación incluía cincuenta y dos comparaciones posibles, veinte de las cuales eran estadísticamente relevantes. De esas veinte, diecinueve estaban a favor de la asociación entre la leche de vaca y la enfermedad. Una vez más, la asociación hipotética resultaba considerablemente favorecida, algo que los autores parecen no haber constatado.
Cito este ejemplo no solo con el fin de apoyar el efecto evidente de la leche de vaca sobre la diabetes tipo 1, sino también para ilustrar una táctica que se utiliza a menudo para conseguir que un tema sea controvertido cuando, en verdad, no lo es. Esta práctica es más común de lo que debería ser, además de constituir una fuente de confusión innecesaria. Cuando los investigadores apelan a ella –e incluso aunque no lo hagan de forma intencionada, suelen tener serios prejuicios en relación con la hipótesis presentada. Poco tiempo después de escribir esto, escuché en la Radio Pública Nacional una breve entrevista realizada a uno de los autores de esta publicación sobre el problema de la diabetes tipo 1. Basta decir que el autor se negó a reconocer las evidencias científicas relacionadas con la hipótesis sobre la leche de vaca.
Es bastante improbable que esta investigación sobre la diabetes pueda llegar a los medios de comunicación en un futuro cercano porque es un tema con unas implicaciones financieras desmesuradas para la agricultura y, además, porque hay demasiadas personas con férreos prejuicios respecto de la hipótesis en cuestión. De cualquier modo, existe una abrumadora cantidad de evidencias científicas contundentes que señalan a la leche de vaca como la causa de la diabetes tipo 1, a pesar de que aún no somos capaces de comprender totalmente los complejos detalles mecanicistas que intervienen en el proceso. Y no solo tenemos evidencias del peligro que implica la leche de vaca; también contamos con pruebas contundentes que demuestran que la asociación entre la diabetes y la leche de vaca es biológicamente verosímil. La leche materna es el alimento perfecto para los bebés y una de las cosas más perniciosas que puede hacer una madre es sustituirla por la de vaca.
ACEITE DE CANOLA, OTRO FRAUDE DE LA MAFIA NUTRICIONAL
¿Sabías que no existe una planta llamada
“Canola”? El aceite de Oliva proviene de las aceitunas, el aceite de
semillas de uva proviene de las semillas de uva, el de cacahuate de los
cacahuates y el de Canola proviene de…Semillas de Colza. ¿Qué hay de
malo en esta imagen? Muchas compañías están vendiendo el aceite de
“Canola” como una alternativa “saludable”, pero el aceite de Canola no
es más que un aceite “creado por el hombre” hecho a base de semillas de
Colza modificadas genéticamente.
El problema con el aceite de Colza es que es tan toxico que la FDA prohibió en 1956 para consumo humano.
Así es que los productores Canadienses
“crearon” en los años 70´s una variedad nueva de semillas de Colza con
menor contenido del toxico ácido erúcico y decidieron que necesitarían
un nuevo nombre para este aceite. Lo llamaron aceite L.E.A.R. por sus
siglas en inglés (Low Erucic Acid Rapeseed), pero fue cambiado por
“Canola” por cuestiones de marketing, ninguna compañía quería que la
asociaran con un producto de nombre “Rape” (violación), además era
sabido que el aceite de Colza era tóxico.
El término Canola fue formado usando
“Canadian oil, low acid” para convencer a los consumidores de que era
nuevo y mejor y que además es seguro para consumirlo. El aceite de
semilla de Colza fue prohibido para usarlo en alimentos probablemente
porque ataca el corazón y causa lesiones degenerativas permanentes, es
mejor usándolo como lubricante industrial, combustible, jabón y como una
base sintética para el hule. La verdad es que las semillas de Colza son
las más toxicas de todas las plantas de las que se extrae aceite. Ni
los insectos se la comen, en serio, el aceite de Colza es un insecticida
muy efectivo y es el ingrediente principal en muchos pesticidas
“orgánicos” (no químicos) que se aplican directamente a las plantas para
matar bichos.
En 1985, el gobierno Canadiense pago
presuntamente, la suma de $50 millones de dólares para posicionar el
aceite de Canola en la lista de GRAS (Generalmente conocido como seguro,
por sus siglas en inglés). El gobierno Canadiense subsidia a los
productores y cosechadores de la semilla de Colaza (planta de la que
extraen el aceite de canola). Estas plantas son baratas, fácil de
cultivar y son repelentes a los insectos de forma natural, además, el
aceite de canola es más barato y fácil de usar por las fábricas de
comida procesada. Para nombrar una, casi todas las mantequillas de
cacahuate lo usan para darle suavidad y que sea “untable”. Ojo: La
mantequilla de cacahuate NATURAL debe contener solo sal y cacahuates en
la lista de ingredientes.
Estudios sobre el aceite de Canola hecho
en ratas de laboratorio, indican muchos problemas como creando un
degeneración de corazón, riñones y glándulas tiroides. Cuando el aceite
fue eliminado de las dietas de estas ratas de laboratorio, los depósitos
de grasa desaparecieron pero las cicatrices causadas por esta
degeneración, se quedan en los tejidos de los órganos afectados. ¿Porque
no se hicieron estudios en los humanos antes de ponerlo en la lista de
Generalmente conocidos como seguros da la FDA?
El aceite de canola “deprime” el sistema
inmunológico y le causa que se ponga “a dormir”. Es alto en glucósidos
causan problemas de salud porque bloquean el funcionamiento de las
enzimas y sus efectos son acumulativos, tomando años para que sean
detectables. Un posible efecto secundario del uso prolongado de este
aceite es la destrucción de la capa protectora de los nervios llamada
vaina de mielina. Cuando esta capa protectora se acaba, nuestros nervios
tienen cortocircuito causando movimientos erráticos e incontrolables.
Otro problema es que TODO el aceite de
Canola ha sido modificado genéticamente. Por último, el aceite de canola
es “Trans Fat” que ha demostrado estar ligada con el cáncer. La grasa
“Trans Fat” incluyendo la hidrogenada o parcialmente hidrogenada, causa
daños a las paredes de nuestras células e inhibe la correcta oxigenación
causando que las células se tornen cancerosas. Evita toda clase de
aceite de canola!
Energy for Life te recomienda utilizar
aceite de Oliva extraido en frío, el aceite de coco, maiz, girasol y
todo aquel que provenga de plantas reales y no transgenicas.
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AGUA ENVASADA, MITOS Y VERDADES
Pese a la simplicidad molecular (H2O), sobre el tema del agua podría decirse mucho en cuanto a problemas y soluciones. Es sabida la problemática de la contaminación y también es conocido el auge de las aguas minerales. Desde el punto de vista fisiológico, el organismo necesita agua pura y con elevado potencial disolvente. Esta es la característica del agua destilada, agua que nos suministran los vegetales (frutas y hortalizas) y que también nos entrega la lluvia (siempre que la atmósfera no esté contaminada).
Por tanto es importante satisfacer nuestras necesidades de agua a partir de los alimentos fisiológicos y crudos. Alimentándonos de ese modo y teniendo una adecuada higiene interna, la demanda de agua para beber será ínfima o nula. Son precisamente los alimentos cocidos, salados y amiláceos los que demandan agua para su metabolización. Si hacemos prácticas depurativas, utilizar frutas acuosas (pausas digestivas) o agua destilada (ayunos completos) como fuente de hidratación.
Los minerales presentes en las aguas comerciales están en estado inorgánico y por tanto representan escoria tóxica para el organismo; sería como agregar limaduras de hierro al agua. Este aporte mineral, lejos de ser nutricio, obliga a trabajar en exceso a los órganos de eliminación y promueven la formación de compuestos obstructivos (placas, cálculos, calcificaciones, etc).
En este contexto, resulta absurdo recomendar la ingesta de una cantidad determinada de agua diaria, dado que en el marco de una alimentación viva, la necesaria reposición de líquidos orgánicos se realiza fundamentalmente a través de los alimentos (frutas, verduras, germinados, sopas, leches de semillas, licuados). En este sentido basta controlar la sed y la coloración de la micción: el oscurecimiento de la orina señala la sobrecarga de desechos y esto indica la mayor necesidad de líquidos. En estado normal, solo beber cuando el cuerpo así lo pide.
Dado que debemos evitar las bebidas industrializadas, es bueno volver al sano hábito de las limonadas caseras, que pueden enriquecerse con una cucharadita de miel de abejas ó azúcar mascabo y unas gotas de salmuera (hecha con sal de roca). Así dispondremos de una saludable bebida refrescante, alcalinizante y altamente mineralizante (isotónica).
Esto también se aplica a los jugos y licuados que podemos hacer en casa. Solo la imaginación pone límites a las infinitas combinaciones posibles en base a frutas y verduras. Es siempre aconsejable hacerlos y consumirlos en el momento, dado que muchos nutrientes allí presentes (vitaminas, enzimas) se degradan rápidamente por oxidación. No olvidar la recomendación de licuados en relación a jugos extraídos por centrifugación, proceso éste que elimina la importante fibra soluble que acompaña al metabolismo de los azúcares del vegetal.
Párrafo especial para el kéfir de agua y el agua enzimática, preparados caseros que regulan la flora intestinal y que pueden beberse en distintos momentos del día. El kéfir se obtiene por cultivo regular de nódulos que fermentan la mezcla de agua, limón, azúcar y frutas pasas, generando una bebida ligeramente ácida y gasificada, altamente enzimática y digestiva. El agua enzimática se obtiene remojando brotes en agua durante un par de días. Ambas técnicas están desarrolladas en próximos capítulos.
En una despensa saludable, debemos reservar un espacio a elementos que nos permitan preparar distintas y variadas formas de ingestas líquidas. No deben faltar hierbas para realizar infusiones digestivas, depurativas, hepáticas y relajantes. Se sugiere tener a mano, entre otras: boldo, diente de león, llantén, cardo mariano, cedrón, manzanilla, marcela, melisa, menta, ortiga, valeriana, pasionaria y zarzaparrilla.
Dos observaciones respecto a las infusiones y su concepto de “vivo”. El uso de temperaturas para su obtención (unos 90ºC) no está actuando sobre alimentos, sino sobre hierbas y raíces que usamos por principios activos y no nutricionalmente. Por ello se suele hacer uso de tinturas de hierbas, obtenidas por maceración hidroalcohólica en frío. Para los más puristas, existe siempre la opción de realizar infusiones en frío.
Macerar hierbas en frío es una técnica usada en el Ayurveda hindú, para evitar destruir principios activos termosensibles de los vegetales con propiedades medicinales. Básicamente consiste en macerar hierbas en agua fresca (en lo posible destilada), a fin de extraer lentamente los principios activos al agua. Los tiempos dependen del vegetal en cuestión, pero rondan entre 12 y 24 hs. La recomendación de mantener fresca el agua es para evitar fermentaciones y olores/sabores no deseables.
Sugerencia práctica: macerar hierbas en el agua para beber. Por la noche, introducir agua fresca en un termo, agregar hojas de la hierba deseada, tapar y dejar macerando durante la noche: tomar durante la mañana. Se pueden agregar unas gotas de salmuera integral, limón o algún trozo de algas marinas (efectos mineralizantes y alcalinizantes).
Con relación al aspecto vibracional del agua, es reconocida su extraordinaria capacidad de recepción y transmisión, siendo la base de la homeopatía y de muchas terapias vibracionales. En este sentido podemos beneficiarnos de sus atributos, captando por su intermedio la energía fotónica proveniente del sol. Para ello basta con exponer el agua para beber a los rayos del sol durante al menos 4 o 5 horas, cuidando usar jarras o recipientes de vidrio. Eso basta para usufructuar su poder bactericida (desinfectante) e incrementar su vibración a unos 9.000 angstroms (Å) de oscilación. Recordemos que un organismo sano oscila entre 7.000 y 7.500 Å.
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