domingo, 2 de septiembre de 2012

LA LIMPIEZA HEPATICA Y DE LA VESICULA

Hoy en día, por desgracia, poca gente sabe aún cómo limpiar el hígado. La mayoría de los afectados, además, desconoce que lo tiene lleno de sedimentos internos que atrancan su trabajo mientras echan la culpa al estómago, intestinos, piel, alergias, corazón, y otros órganos o enfermedades. Sin embargo, en la raíz de casi todas las patologías está siempre el silencioso hígado, pues el hígado es el gran olvidado de la medicina (o el gran desconocido), ya que sin manifestarse en los análisis puede estar en insuficiencia, «amargándonos» la vida.
Comparativamente con el hígado, poca gente tiene piedras en la vesícula. Pero, aún así, miles de ellos pasan cada día por el quirófano a operarse de sus piedras. Si tienen tantas en la vesícula, imagínese como tendrán el hígado: ¡completamente congestionado! Los que desarrollan piedras en su vesícula, podemos asegurarles que tienen muchas más dentro de su hígado. Pero si se operan de éstas, ¡seguirán con el hígado lleno de cálculos! Por culpa de estos depósitos intrahepáticos, el hígado no puede fabricar suficiente bilis para una buena digestión, y su trabajo será aún más insuficiente después de la resección de la vesícula. Cierto que ya no tendrá cólicos, pero al extirpar la vesícula quedará con la digestión estropeada de por vida. El fin de la vesícula es concentrar y expulsar la bilis cuando la comida llega al intestino delgado. Gracias a ella, no sólo se digieren las grasas, sino que también se eliminan los tóxicos que depura el hígado, se hace la digestión de proteínas e hidratos de carbono (junto a los jugos pancreáticos), se depuran y limpian los intestinos de flora patógena y, dado que la bilis es muy alcalina, se neutraliza el ácido clorhídrico proveniente del estómago, entre otros cientos de funciones, todas muy relevantes para la salud. Minimizar su importancia es por tanto un craso error. Al no tener suficiente bilis acumulada -por falta de vesícula- los pacientes operados tendrán que conformarse con el gota a gota que fabrica su hígado, la cual es diez veces menos concentrada que la que se acumula en la vesícula. Quedarán así mutilados y con la digestión deteriorada para siempre, no pudiendo abusar de nada y lo que es peor, desembocando en numerosos otros procesos patológicos como hinchazón abdominal, diarreas crónicas u osteoporosis. Por eso, operar la vesícula no resuelve el problema, sino que tan sólo lo cronifica y muchas veces empeora. La única solución es limpiarla, pero conservándola porque la vesícula es un órgano fundamental para la digestión, y la digestión es el motor de la salud. Pero no sólo hay cálculos en la vesícula, sino que éstos también se forman dentro del hígado, lo que es generalmente desconocido. Éstos llegan a obstruir los canales biliares intrahepáticos, mermando notablemente sus importantes funciones orgánicas. Es muy cierto que la mayoría de las personas, debido al tren de vida actual, tenemos el hígado afectado por un exceso de sedimentos o depósitos que pasan desapercibidos para la medicina oficial, y también para la alternativa. ¿Por qué? Porque estas piedras -coágulos de bilis seca-, no se detectan fácilmente en las ecografías dado que la mayoría están formadas por colesterol seco. Y no se detectan porque tienen la misma densidad que los tejidos del hígado, ya que están formados hasta en un 96% de colesterol. El hígado fabrica colesterol continuamente para cientos de funciones, y la misma bilis es colesterol en estado líquido gracias a la presencia de sales biliares que la mantienen así. Cuando la bilis se coagula dentro del hígado por diversas razones (dietas light, baja hidratación, uso de anticonceptivos…) los conductos intrahepáticos se atascan y se deforman, dando lugar al entorpecimiento de la circulación intrahepática, impidiendo también la salida de fluidos del mismo para la digestión. Este atasco es sumamente nocivo para la salud. Ello produce numerosas dificultades digestivas, y también posteriores enfermedades de todo tipo que se derivan de la insuficiencia hepática como son: alteraciones metabólicas, intestinales, digestivas, linfáticas, inmunitarias, hormonales, cardíacas… El hígado repercute en todo, pues él es el encargado de fabricar tu cuerpo y de limpiarlo. Ciertamente podemos asegurar que ¡Tu hígado es tu médico! Por causa de estos sedimentos duros de colesterol atascados, el hígado se ve incapaz de fabricar suficiente cantidad de bilis para la digestión (1 litro y cuarto al día) y soltarlo luego al intestino. Así, cada día, grandes cantidades de comida sin digerir se degradarán en el tracto intestinal sin poder ser metabolizados, lo que finalmente terminará por intoxicarnos. Ello favorece múltiples patologías en todos los órganos y sistemas, que se van colapsando en cadena, y promueve las infecciones por parte de gérmenes que la naturaleza ha destinado para hacerse cargo de la descomposición de los residuos. Por eso aparecen, entre otros, la colonización intestinal por hongos tipo «Cándida» (que llega a tapizar todo el intestino delgado por dentro), los parásitos, o las infecciones por bacterias y virus que se llevarán la culpa de la enfermedad cuando en realidad nosotros hemos propiciado un terreno apto para su desarrollo. Ellos sólo cumplen su función natural que es descomponer y degradar las toxinas. En la mayoría de las ocasiones, el problema está originado por la sobrecarga tóxica que se produce debido a un hígado hipofuncional. Las pruebas médicas sólo miden su grado de deterioro, pero no su capacidad de funcionamiento. Un hígado insuficiente, lleno de residuos, puede estar al 40% de su capacidad sin dar síntomas de su grave deterioro en las analíticas, pero repercutiendo en cambio en muchos otros sistemas orgánicos por su mal funcionamiento. Como hemos dicho, esta disfunción hepática conlleva a la larga un acumulo tóxico a todos los niveles: sanguíneo, muscular, cutáneo, linfático, intersticial…, lo que termina degenerando en las múltiples patologías que conocemos y clasificamos con distintos nombres o diagnósticos. Sin embargo, la causa original es siempre la Toxemia orgánica producto de una mala digestión y una insuficiente eliminación de los residuos del metabolismo. Imagina tu cuerpo como si fuera un coche al que nunca le has hecho el mantenimiento (limpiar el filtro de aceite, aire, gasoil…) En poco tiempo andará a tropezones, realizará una mala combustión y consumirá mucho más de lo debido. Hasta que se detenga. Lo puedes llevar entonces al mecánico, pero como éste no cambie o limpie los filtros, el problema no se arreglará. El cuerpo es similar, pues si el filtro hepático está atascado, la circulación sanguínea y linfática se atranca y obstruye, por lo que se acumulan depósitos tóxicos por todos lados y no pueden ser eliminados por el hígado. La sangre procedente del intestino por la vena porta no será capaz de atravesar el atasco hepático (o congestión hepática), y se estancará hacia atrás dando lugar a las extendidas hemorroides, pero afectando a toda la circulación de la mitad inferior del organismo que debe atravesar la sangre por esa vía (miembros fríos, varices, dolor piernas…). Este atasco intrahepático también obliga a un mayor esfuerzo al corazón, que está tirando de la sangre a través del hígado, lo que le produce arritmias e hipertrofia por el gran esfuerzo durante largos años. El sistema linfático, que es algo así como el alcantarillado del cuerpo, también terminará colapsándose, lo que dará lugar a edemas linfáticos, linfomas, fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, y muchas otras patologías referidas a los estados crónicos de intoxicación orgánica que no tienen cura, mientras no se limpia el hígado. Finalmente, todo este panorama de progresiva intoxicación, conduce necesariamente al cáncer, ya que tanta basura rodeando a las células hace que éstas literalmente se asfixien, convirtiéndose en anaerobias en un último intento para mantener su integridad entre el lodo tóxico que las rodea por doquier. Pero el sistema sanitario prevalente confunde este último esfuerzo defensivo con un ataque (¡como si el cuerpo se dedicara a atacarse a si mismo!) y las destruye con quimio o radioterapia. ¡En realidad, lo que hay que hacer es limpiar los tejidos! Esto en gran parte es función del hígado, y ahora afortunadamente podemos mejorar el estado de nuestros tejidos internos con la práctica de la limpieza hepática. Además de conveniente para la salud, es también muy fácil de realizar la LH. Probar esta cura sencilla y natural nos permitirá comprobar de primera mano su eficacia. Pero es un proceso al que conviene entrar preparados y bien informados, pues hay que seguir fielmente el protocolo, o si no, puede haber riesgos derivados imprevisibles. No debe tomarse a la ligera, especialmente si tienes piedras en la vesícula. Tampoco deben hacerla los que tengan problemas renales (deben limpiar antes sus riñones), o si se tienen problemas circulatorios (uso de sintrom, etc). Cualquier cosa de la que usted dude, es mejor que no la haga hasta convencerse y consulte a su médico o terapeuta de elección.
CÓMO HACEMOS UNA LIMPIEZA Dentro del procedimiento de LH, las lavativas son imprescindibles, especialmente las del día después. Si no, las piedras pueden alojarse en el colon y permanecer allí con sus toxinas, provocarnos una apendicitis o, cuando menos, un dolor de cabeza por causa de las toxinas liberadas. El que no quiera o no esté dispuesto a ponerse lavativas es mejor que no haga la limpieza hepática. Por eso es importante informarse bien del protocolo, y recomendamos estudiar la bibliografía al respecto. Las escasas personas que han tenido problemas, ha sido generalmente por no beber suficiente agua el día de la cura, y al siguiente, así que cuide hidratarse bien si decide realizarla algún día, pues las sales de Epsom son muy secantes. Para hacer la limpieza hepática se necesita: 1 bote de sales de Epsom, (sal inglesa) que se encargan en cualquier farmacia. Son un laxante natural compuesto por sulfato de magnesio. 1/2 vaso (125 cc) de aceite virgen extra y 1/2 vaso de zumo de pomelo o de limón, a elegir. Seis litros de zumo de manzana, vale del comercial, pero es mejor comprar cápsulas de ácido málico. Una pera adulta de caucho para hacer lavativas del intestino. Un escurridor de verduras para poner en el inodoro, y recoger las piedras eliminadas.
Método Tomar al margen de las comidas, 1 litro como mínimo de zumo de manzana al día, durante 6 (o más) días (de lunes a sábado). Esos seis días de preparación, sigue comiendo con normalidad, pero procura llevar una dieta limpia, suave, y baja en grasas fritas. Con el ácido málico del zumo de manzana conseguiremos reblandecer las piedras del interior del hígado y también las de la vesícula pues la mayoría suelen ser de colesterol (80%), salvo que estén calcificadas o duras (20%). Con el málico, los residuos se vuelven maleables como la plastilina, y salen por el colédoco sin dolor, en gran parte gracias a la dilatación y relajación que provoca el magnesio de las sales de Epsom sobre los conductos biliares. Por eso lo mejor para un cólico biliar ¡es hacer urgentemente una limpieza hepática!, dado que liberará el cálculo del espasmo del colédoco, gracias al relajamiento sobre el tejido del colédoco que produce el magnesio de las amargas sales de Epsom (también llamadas sales inglesas o de la higuera). Según nuestra experiencia pueden ser necesarias muchas limpiezas hepáticas para resolver problemas crónicos de salud, por lo que recomendamos hacerlas como mínimo durante todo un año. Es decir, doce limpiezas, siendo muy probable necesitar dos o más años, a razón de una cada mes. Se recomienda realizarla un sábado a la noche para poder pasar el domingo -o día festivo- descansando en casa. El lunes suele ser el mejor día.
El protocolo de LH (Método Fusión) Sábado, 19 h. Añadir 4 cucharadas soperas (no de las de postre ni café) bien llenas de sales de Epsom, a 3 vasos de agua (750 ml) filtrada en una jarra. Hacer 4 porciones y tomar la primera ahora (aprox. 190 cc). Las sales dilatan los conductos biliares facilitando el paso de las piedras, y también las eliminan del intestino. 
20 h. Aplicarse una serie de 4-5 lavativas de agua templada para vaciar el colon. 
21 h. Beber la segunda porción de ¾ de sales de Epsom (aprox 190 cc)  
23 h. Ingesta de la mezcla. Lavar previamente los limones o pomelos para retirar los insecticidas y barnices de la piel. Exprimir medio vaso aprox. (125 cc) y mezclar con otro medio vaso (125 cc) de aceite virgen extra, agitando todo bien en un bote tapado. Si tiene piedras en la vesícula use 200 cc de aceite con 125 cc de pomelo/limón. Puede mitigar el mal sabor de boca con unos sorbos de zumo de mandarina, limón o naranja. Opcional (se puede hacer siempre, cada varias limpiezas o nunca): Añadir a la mezcla anterior un tercio de vaso (80 cc) de Coca-Cola clásica, al que le hemos quitado el gas, y remover después todo con una cucharita. Tomar toda la mezcla, no tardando más de 5 minutos. Acostarse inmediatamente tras la toma, ponerse preferentemente sobre el costado derecho o boca arriba pero siempre con la cabeza más elevada que el abdomen (dos almohadas). Apagar la luz y tratar de dormir. No cambiar de posición bruscamente. Al cabo de una hora podrá levantarse sólo si lo necesita. A partir de entonces puede situarse todo el tiempo boca arriba semiincorporado, para pasar así la noche. Quizá note la expulsión en su hígado/vesícula.  
Domingo 7-7:30 h. Beba el tercer vaso de sales de Epsom, y si tiene sueño, vuelva a la cama, pero es preferible estar erguido para ayudar a la bajada de los restos y a su evacuación. Coloque el escurridor de verduras en el inodoro. 
9-9:30 h Beba el 4º y último vaso de ¾ de sales de Epsom. Puede ser el más difícil, pero debe beberlo para vaciar todo el contenido arrancado por la noche del hígado-vesícula. Durante la mañana generalmente, y en algunos pocos casos por la tarde, se tendrán varias deposiciones con distintos tamaños y colores de cálculos. Algunos habrán sido originados esa misma noche (verde esmeralda por la mezcla ingerida), pero otros serán procedentes del hígado-vesícula (cremas, marrones, negros, verdes oscuros, blancos…). Con ellos saldrán múltiples toxinas acumuladas en su hígado y quizá también parásitos.  
11 h. Ya puede beber agua templada, infusiones o zumos. Tome suficientes líquidos si no quiere sentirse mal. Las sales deshidratan mucho, así que beba bastante.  
13 h. Ya puede comer normal, no se sobrepase aunque tenga hambre. Acaba de salir de una auténtica cirugía sin bisturí. Haga dieta blanda de postoperatorio, muy especialmente a la cena. Por la tarde, aplicarse una serie de lavativas para garantizar el desalojo de los residuos arrancados y que no se reabsorban. También se puede aplicar un enema de café, que ayuda a la expulsión de más toxinas hepáticas, seguido de uno de agua para lavarlas. Repetir las lavativas al día siguiente, hasta tener el colon perfectamente limpio. Haga baños de vientre y asiento. Siga bebiendo zumo, o tomando málico, durante varios días para que no se estanque el flujo biliar de nuevo con los residuos que sigan bajando. Anote y fotografíe los resultados y en un mes aproximadamente repita la experiencia. 
El método «Fusión» para la limpieza hepática y de la vesícula que propugno contiene no sólo el protocolo clásico realizado a partir del libro de Andreas Moritz y de la Dra. Clark (el cual a su vez tomaron de otros naturópatas norteamericanos), sino también una serie de procedimientos a mayores para minimizar los síntomas durante la limpieza, y también con posterioridad a la misma. Además, adapta los horarios, facilita ayudas para el descanso nocturno, y expone pequeños trucos para sobrellevar mucho mejor las noches curativas del proceso limpieza hepática. No podemos pretender, como algunos creen, que con una sola limpieza hepática vamos a curarnos de años de despropósitos contra nuestra salud. La naturaleza es sabia y trabaja despacio; hay que dejarla actuar, pues la impaciencia es también un síntoma del hígado. Es realmente sorprendente lo bien que te sientes cuando te curas tu a ti mismo, de una manera tan fácil y natural. Sin embargo, recomendamos acudir a un experto que haya practicado en sí mismo la LH para que nos asesore en las crisis curativas que pueden despertarse en nuestro cuerpo, ya que no todos están preparados para enfrentarlas sin apoyo terapéutico. En las piedras eliminadas tendrás las pruebas de tu futura mejoría. Conozco casos que han corregido sus cifras de colesterol en sangre con ¡sólo una limpieza! Otros han limpiado su vesícula y otros han corregido diversas afecciones. Valoremos las cosas sencillas que nos dan salud, pues por desgracia, generalmente solo damos valor a las cosas complicadas, caras y artificiales. Justo lo que la limpieza hepática no es.


sábado, 11 de agosto de 2012

¿QUÉ ES LA ENFERMEDAD?



Lo que habitualmente llamamos enfermedad, es solo un síntoma del estado de desorden al cual hemos llevado a nuestro organismo. En sí mismo, el cuerpo humano tiene gran cantidad de maravillosos mecanismos para resolver problemas a los que puede verse sometido: excesos, carencias, toxicidad, etc. Pero nuestro moderno estilo de vida se las ha ingeniado para colapsar esa increí
ble armonía, malogrando la natural capacidad de adaptación a los inconvenientes.

Asumir esta realidad, representa el cincuenta por ciento de la solución de nuestros actuales problemas de salud. Y ese es el objetivo de este sitio: que el lector comprenda cómo él mismo ha generado tal situación de desorden y -por sobre todo- cómo él mismo puede remediar tal problema, en la medida que retorne a los hábitos saludables que nunca debió abandonar.

En esto no hay misterios, y tampoco soluciones mágicas. Los errores se generan principalmente por desinformación. En la medida que sepamos como opera la inmensa inteligencia corporal y comprendamos sus mecanismos, veremos que es muy sencillo jugar a favor (y no en contra) de nuestra propia naturaleza humana. Entenderemos que no habrá medicamento alguno que pueda remediar los problemas, mientras no dejemos de boicotear nuestro organismo con hábitos que van en contra de las leyes naturales que lo crearon.

Inicialmente debemos comprender como funciona el mecanismo de la intoxicación cotidiana y el ensuciamiento corporal. Si diariamente incorporamos más tóxicos de los que podemos evacuar, no necesitamos ser científicos para entender que la acumulación de toxinas acabará por generar un colapso tóxico. Esa es la génesis profunda de la mal llamada enfermedad: desde un eccema hasta un cáncer, todo responde al mismo mecanismo de generación. Solo difiere el grado de toxemia y el órgano mediante el cual, nuestro organismo expresa su claudicación.

Para el correcto funcionamiento corporal es importantísimo el rol que cumple la correcta nutrición, pero de poco servirá una alimentación de alta calidad en un contexto de ensuciamiento corporal crónico. El mejor de los nutrientes puede ser mal aprovechado, como consecuencia de estar atrofiados los mecanismos de la química corporal, a causa del colapso tóxico. La analogía con un automóvil puede ayudarnos a comprender mejor este concepto.

Si su vehículo está carbonizado y fuera de punto, debido al uso de combustible incorrecto, seguramente usted haría limpiar el motor y cambiaría la calidad del combustible. ¿Serviría hacer sólo una de las dos cosas? Con el cuerpo pasa exactamente igual. De poco sirve una sola acción. Hay que depurar para eliminar la vieja escoria que impide el normal funcionamiento. Y también hay que cambiar la calidad del “combustible” para que no vuelva a “carbonizar” la estructura.

Una persona que decida recuperar por sí misma su natural estado de salud y equilibrio, debe abordar irremediablemente el trabajo depurativo como prioridad absoluta. Es evidente que si no comenzamos por “destapar” nuestros filtros orgánicos y moderar el nivel de toxemia, todo lo que hagamos en procura de la salud, perderá efectividad. Viceversa, cualquier práctica terapéutica se beneficiará de la tarea depurativa y de una nutrición no ensuciante.

Ejercer nuestro natural derecho a un óptimo estado de salud, se parece mucho a una mesa asentada en tres patas: todas deben estar fuertes y en equilibrio. Por ello, la tarea de limpieza orgánica se potenciará enormemente con un contemporáneo freno al ingreso de nuevas toxinas y aporte de los nutrientes esenciales que faltan. Trabajar separadamente cada aspecto, conspira contra una rápida recuperación de la salud y el equilibrio.

viernes, 3 de agosto de 2012

HASTA CUANDO?


Mientras los periódicos y las televisiones hablan de la vida de los famosos, el jefe de la tribu Kayapo recibía la peor noticia de su vida: Dilma, la presidenta del Brasil, ha dado el visto bueno a la construcción de una planta hidroeléctrica enorme (la tercera más grande del Mundo).
Es la sentencia de muerte a todos los pueblos cercanos al río, ya que la presa inundará 400.000 hectáreas de bosque.
Más de 40.000 indígenas no tendrán donde vivir.
La destrucción del hábitat natural, deforestación y la desaparición de multitud de especies es un hecho.
¡40.000 seres humanos!…
¿Y nos preocupamos por 6 o 7 o 10 que llenan las revistas?
¿Qué llevan puesto?
¿Con quién se casan?
¿De quién se divorcian?…
¡Por Dios… qué vergüenza, sentimos los que valoramos cada VIDA COMO ÚNICA!
¡NO hay vidas “MAS DIGNAS” que otras!… to@s estamos en este mundo para vivir con la misma dignidad… y no habrá una “guerra justa”(si alguna lo es…), simplemente ante este imperdonable, habrá un silencio:
¡el de los fuertes!
Lo que conmueve y hace que algo se retuerza por dentro, lo que genera vergüenza de nuestra cultura…
La “impresión” que tuvo el jefe de la comunidad Kayapo al enterarse de esa decisión, su gesto de dignidad y de impotencia, bajando la cabeza, llorando… ante el avance de “nuestro progreso”, hipercapitalista, la modernidad depredadora, la civilización que no respeta la diferencia …
¿Hasta cuándo aún?…
¿Y qué va a ser ahora mismo tambien de los Dongria Kondh? en la misma situación, y tantos y tantos seres humanos oprimidos…
¿A nadie le importan….?
Sólo podemos cambiarlo nosotros, cada uno de nosotros, no ellos…
Por favor haz que esto circule y sintamos vergüenza…

NUESTRO SISTEMA INMUNOLÓGICO


   El sistema inmunológico es asombrosamente complejo. A menudo las personas hablan de él como si fuera un órgano identificable, como por ejemplo un pulmón. Nada más alejado de la realidad. Se trata de un sistema y no de un órgano.

En esencia, nuestro sistema inmunitario es como una red militar diseñada para defenderse de los invasores extranjeros. Los “soldados” son los glóbulos blancos, que están compuestos por muchos subgrupos diferentes, cada uno de los cuales tiene su propia misión. Estos subgrupos son análogos a un ejército, a la armada, a la fuerza aérea y a los marines, y cada grupo de especialistas se ocupa de un trabajo altamente
especializado.
El “centro de reclutamiento” del sistema se encuentra en la médula ósea, responsable de producir células especializadas denominadas células madre. Algunas de ellas, que se liberan en el flujo sanguíneo para cumplir su función en una parte distante del organismo, se denominan células o linfocitos B (B, por la palabra inglesa  bones, que significa “huesos”). Otras células formadas en la médula ósea siguen siendo inmaduras, o no especializadas, hasta que se desplazan a la glándula timo (un órgano que se encuentra en la cavidad del pecho justo por encima del corazón), donde se convierten en células especializadas. Se las conoce como células o linfocitos T (por timo). Estas células “soldados” se unen a otras células especializadas y forman un equipo para crear planes de defensa inexpugnables. Se reúnen en las principales intersecciones del organismo, incluidos el bazo (a la izquierda del cuerpo, justo por detrás y debajo de las costillas) y los ganglios. Estos puntos de encuentro son como centros de mando y control, donde las células “soldado” se reorganizan en equipos para atacar a los invasores extraños.
Estas células son sorprendentemente dúctiles cuando se agrupan en equipos. Son capaces de reaccionar endiferentes circunstancias y ante diversas sustancias foráneas, incluso ante aquellas a las que jamás se habían enfrentado. La respuesta inmunitaria ante estos cuerpos extraños es un proceso muy creativo, una de las verdaderas maravillas de la naturaleza.
Los invasores extraños son moléculas de proteína llamadas antígenos; estas células foráneas pueden ser una bacteria o un virus que pretende destruir nuestra integridad física. De manera que nuestro sistema inmunitario se encarga de destruir esos cuerpos extraños, llamados antígenos, en cuanto advierte su presencia. Cada uno de estos antígenos posee una identidad propia, determinada por la secuencia de aminoácidos que contienen sus proteínas. Esto es equivalente al hecho de que cada uno de nosotros tenga una cara diferente. Dado que existe una gran variedad de aminoácidos disponibles para crear proteínas, existe una variedad infinita de caras.
Para contraatacar a estos antígenos, nuestro sistema inmunitario debe personalizar su estrategia de defensa para cada ataque, y lo hace creando una “imagen especular” de la proteína para cada atacante. La imagen especular es capaz de adecuarse perfectamente al antígeno y destruirlo. En esencia, el sistema inmunitario crea un molde
para cada “cara” que encuentra, y utiliza el molde personalizado para “capturar” al invasor y eliminarlo cada vez que vuelve a ver esa cara después del encuentro inicial. El molde puede ser un anticuerpo, una célula B o un componente del receptor de la célula T (una proteína).
La inmunización implica recordar cada una de las defensas desplegadas contra cada uno de los invasores. Por ejemplo, una exposición inicial a la varicela es una batalla difícil; no obstante, la segunda vez que te afecte ese mismo virus ya sabrás exactamente cómo tratarlo y el combate será menos prolongado y doloroso, y mucho más exitoso.
Acaso ni siquiera llegues a enfermar.

LA CONTROVERSIA DE LA CONTROVERSIA

Imagina que estás mirando la primera página del diario y encontras el siguiente titular: “La leche de vaca es la causa probable de la diabetes tipo 1, una enfermedad letal”.
No obstante, este titular no aparecerá en primera plana, independientemente de las evidencias científicas acumuladas, porque la reacción sería violenta y el impacto económico, monumental. Para acallar este titular, se echa mano de una poderosa etiqueta: “controversia”. Con todo lo que está en juego, y con la gran cantidad de información que solo entienden unas pocas personas, es muy fácil generar y sostener la controversia. La polémica es una parte natural de la ciencia; sin embargo, es muy frecuente que no sea el resultado de un debate científico legítimo, sino un reflejo de la necesidad de postergar y distorsionar los resultados de la investigación. Por ejemplo, si afirmo que fumar es nocivo para la salud y presento una montaña de pruebas para apuntalar mi opinión, las compañías tabaqueras pueden dedicarse a buscar un único detalle que no haya sido completamente resuelto, para crear luego una polémica en torno a la idea de que los cigarrillos son malos para la salud, anulando todas mis conclusiones.
Esto resulta muy sencillo porque en toda investigación siempre habrá detalles sin resolver; esta es la naturaleza de la ciencia. Algunos grupos emplean la controversia para silenciar determinadas ideas, obstaculizar la investigación constructiva, confundir a la población y criticar a las políticas públicas de ser incongruentes. Recurrir a ella como medio de desacreditar hallazgos que causan inconvenientes económicos o sociales es uno de los mayores pecados en el campo de la ciencia.
A las personas profanas en la materia puede resultarles difícil evaluar la legitimidad de una polémica referida a un tema excesivamente técnico, como puede ser la relación entre la leche de vaca y la diabetes tipo 1. Y esto sucede de cualquier modo, a pesar de que estas personas demuestren interés por leer artículos científicos.
Tomemos como ejemplo una revisión científica reciente sobre la asociación entre la leche de vaca y la diabetes tipo 1. En diez estudios humanos (todos ellos con un diseño caso-control) resumidos en un documento que se publicó como parte de una “serie de temas controvertidos”, los autores concluyeron que cinco de los diez estudios indicaban una asociación positiva, y estadísticamente relevante, entre la leche de vaca y la diabetes de tipo 1; los otros cinco no la mencionaban. En principio, este hecho parece revelar una considerable incertidumbre que, como es obvio, ya es un paso más que suficiente para desacreditar la hipótesis.
No obstante, los cinco estudios que se contaron como “negativos” no indicaron que la leche de vaca redujera la incidencia de la enfermedad. Lo que demostraron fue que no había efectos estadísticamente significativos para ninguna de las dos conclusiones. En contraste, había un total de cinco estudios que son relevantes en términos estadísticos y todos ellos arrojaron el mismo resultado: un consumo temprano de leche de vaca está asociado con un riesgo superior de sufrir diabetes tipo 1. Hay solo una probabilidad entre sesenta y cuatro de que este resultado fuera azaroso o aleatorio.
Se dan muchas, muchísimas razones –algunas visibles y otras no– por las cuales un experimento no encontraría ninguna relación estadísticamente relevante entre dos factores, ni siquiera aunque exista dicha relación. Quizá el hecho de que el estudio no incluyera una cantidad suficiente de personas impidió obtener una certeza estadística.
Acaso la mayoría de los sujetos tenían hábitos alimentarios muy similares, limitando así la posibilidad de detectar la relación que se investigaba. Es probable que la evaluación de los hábitos nutricionales que tenían los bebés muchos años atrás fuera lo suficientemente inexacta como para ocultar una relación real. También puede ser que los investigadores estudiaran un periodo de la vida del bebé que no fuera el correcto.
El caso es que si cinco de los diez estudios descubrieron una asociación estadísticamente significativa y los cinco demostraron que el consumo de la leche de vaca estaba vinculado con una mayor incidencia de la diabetes tipo 1, pero  ninguno de ellos indicó que la leche de vaca se relacionaba con una reducción de la enfermedad, creo que difícilmente se puede afirmar (como hicieron los autores de esta revisión) que la hipótesis “se ha enturbiado debido a las incongruencias del material publicado”.
En este mismo informe, los autores resumieron otros estudios que comparaban indirectamente la relación entre la lactancia materna y el consumo de leche de vaca con la diabetes tipo 1. Esta compilación incluía cincuenta y dos comparaciones posibles, veinte de las cuales eran estadísticamente relevantes. De esas veinte, diecinueve estaban a favor de la asociación entre la leche de vaca y la enfermedad. Una vez más, la asociación hipotética resultaba considerablemente favorecida, algo que los autores parecen no haber constatado.
Cito este ejemplo no solo con el fin de apoyar el efecto evidente de la leche de vaca sobre la diabetes tipo 1, sino también para ilustrar una táctica que se utiliza a menudo para conseguir que un tema sea controvertido cuando, en verdad, no lo es. Esta práctica es más común de lo que debería ser, además de constituir una fuente de confusión innecesaria. Cuando los investigadores apelan a ella  –e incluso aunque no lo hagan de forma intencionada, suelen tener serios prejuicios en relación con la hipótesis presentada. Poco tiempo después de escribir esto, escuché en la Radio Pública Nacional una breve entrevista realizada a uno de los autores de esta publicación sobre el problema de la diabetes tipo 1. Basta decir que el autor se negó a reconocer las evidencias científicas relacionadas con la hipótesis sobre la leche de vaca.
Es bastante improbable que esta investigación sobre la diabetes pueda llegar a los medios de comunicación  en un futuro cercano porque es un tema con unas implicaciones financieras desmesuradas para la agricultura y, además, porque hay demasiadas personas con férreos prejuicios respecto de la hipótesis en cuestión. De cualquier modo, existe una abrumadora cantidad de evidencias científicas contundentes que señalan a la leche de vaca como la causa de la diabetes tipo 1, a pesar de que aún no somos capaces de comprender totalmente los complejos detalles mecanicistas que intervienen en el proceso. Y no solo tenemos evidencias del peligro que implica la leche de vaca; también contamos con pruebas contundentes que demuestran que la asociación entre la diabetes y la leche de vaca es biológicamente verosímil. La leche materna es el alimento perfecto para los bebés y una de las cosas más perniciosas que puede hacer una madre es sustituirla por la de vaca.

ACEITE DE CANOLA, OTRO FRAUDE DE LA MAFIA NUTRICIONAL



¿Sabías que no existe una planta llamada “Canola”? El aceite de Oliva proviene de las aceitunas, el aceite de semillas de uva proviene de las semillas de uva, el de cacahuate de los cacahuates y el de Canola proviene de…Semillas de Colza. ¿Qué hay de malo en esta imagen? Muchas compañías están vendiendo el aceite de “Canola” como una alternativa “saludable”, pero el aceite de Canola no es más que un aceite “creado por el hombre” hecho a base de semillas de Colza modificadas genéticamente.
El problema con el aceite de Colza es que es tan toxico que la FDA prohibió en 1956 para consumo humano.
Así es que los productores Canadienses “crearon” en los años 70´s una variedad nueva de semillas de Colza con menor contenido del toxico ácido erúcico y decidieron que necesitarían un nuevo nombre para este aceite. Lo llamaron aceite L.E.A.R. por sus siglas en inglés (Low Erucic Acid Rapeseed), pero fue cambiado por “Canola” por cuestiones de marketing, ninguna compañía quería que la asociaran con un producto de nombre “Rape” (violación), además era sabido que el aceite de Colza era tóxico.
El término Canola fue formado usando “Canadian oil, low acid” para convencer a los consumidores de que era nuevo y mejor y que además es seguro para consumirlo. El aceite de semilla de Colza fue prohibido para usarlo en alimentos probablemente porque ataca el corazón y causa lesiones degenerativas permanentes, es mejor usándolo como lubricante industrial, combustible, jabón y como una base sintética para el hule. La verdad es que las semillas de Colza son las más toxicas de todas las plantas de las que se extrae aceite. Ni los insectos se la comen, en serio, el aceite de Colza es un insecticida muy efectivo y es el ingrediente principal en muchos pesticidas “orgánicos” (no químicos) que se aplican directamente a las plantas para matar bichos.
En 1985, el gobierno Canadiense pago presuntamente, la suma de $50 millones de dólares para posicionar el aceite de Canola en la lista de GRAS (Generalmente conocido como seguro, por sus siglas en inglés). El gobierno Canadiense subsidia a los productores y cosechadores de la semilla de Colaza (planta de la que extraen el aceite de canola). Estas plantas son baratas, fácil de cultivar y son repelentes a los insectos de forma natural, además, el aceite de canola es más barato y fácil de usar por las fábricas de comida procesada. Para nombrar una, casi todas las mantequillas de cacahuate lo usan para darle suavidad y que sea “untable”. Ojo: La mantequilla de cacahuate NATURAL debe contener solo sal y cacahuates en la lista de ingredientes.
Estudios sobre el aceite de Canola hecho en ratas de laboratorio, indican muchos problemas como creando un degeneración de corazón, riñones y glándulas tiroides. Cuando el aceite fue eliminado de las dietas de estas ratas de laboratorio, los depósitos de grasa desaparecieron pero las cicatrices causadas por esta degeneración, se quedan en los tejidos de los órganos afectados. ¿Porque no se hicieron estudios en los humanos antes de ponerlo en la lista de Generalmente conocidos como seguros da la FDA?
El aceite de canola “deprime” el sistema inmunológico y le causa que se ponga “a dormir”. Es alto en glucósidos causan problemas de salud porque bloquean el funcionamiento de las enzimas y sus efectos son acumulativos, tomando años para que sean detectables. Un posible efecto secundario del uso prolongado de este aceite es la destrucción de la capa protectora de los nervios llamada vaina de mielina. Cuando esta capa protectora se acaba, nuestros nervios tienen cortocircuito causando movimientos erráticos e incontrolables.
Otro problema es que TODO el aceite de Canola ha sido modificado genéticamente. Por último, el aceite de canola es “Trans Fat” que ha demostrado estar ligada con el cáncer. La grasa “Trans Fat” incluyendo la hidrogenada o parcialmente hidrogenada, causa daños a las paredes de nuestras células e inhibe la correcta oxigenación causando que las células se tornen cancerosas. Evita toda clase de aceite de canola!
Energy for Life te recomienda utilizar aceite de Oliva extraido en frío, el aceite de coco, maiz, girasol y todo aquel que provenga de plantas reales y no transgenicas.

AGUA ENVASADA, MITOS Y VERDADES


La bebida por excelencia es el agua, que trataremos de conseguir de la mejor calidad posible y que, ante la duda, podemos filtrar caseramente. Pero no olvidemos que frutas y verduras son la mejor fuente de agua biológica, filtrada por la planta y dotada de un alto patrón energético; por ello la importancia de no alterar su calidad con procesos de cocción.
Pese a la simplicidad molecular (H2O), sobre el tema del agua podría decirse mucho en cuanto a problemas y soluciones. Es sabida la problemática de la contaminación y también es conocido el auge de las aguas minerales. Desde el punto de vista fisiológico, el organismo necesita agua pura y con elevado potencial disolvente. Esta es la característica del agua destilada, agua que nos suministran los vegetales (frutas y hortalizas) y que también nos entrega la lluvia (siempre que la atmósfera no esté contaminada).
Por tanto es importante satisfacer nuestras necesidades de agua a partir de los alimentos fisiológicos y crudos. Alimentándonos de ese modo y teniendo una adecuada higiene interna, la demanda de agua para beber será ínfima o nula. Son precisamente los alimentos cocidos, salados y amiláceos los que demandan agua para su metabolización. Si hacemos prácticas depurativas, utilizar frutas acuosas (pausas digestivas) o agua destilada (ayunos completos) como fuente de hidratación.
Los minerales presentes en las aguas comerciales están en estado inorgánico y por tanto representan escoria tóxica para el organismo; sería como agregar limaduras de hierro al agua. Este aporte mineral, lejos de ser nutricio, obliga a trabajar en exceso a los órganos de eliminación y promueven la formación de compuestos obstructivos (placas, cálculos, calcificaciones, etc).
En este contexto, resulta absurdo recomendar la ingesta de una cantidad determinada de agua diaria, dado que en el marco de una alimentación viva, la necesaria reposición de líquidos orgánicos se realiza fundamentalmente a través de los alimentos (frutas, verduras, germinados, sopas, leches de semillas, licuados). En este sentido basta controlar la sed y la coloración de la micción: el oscurecimiento de la orina señala la sobrecarga de desechos y esto indica la mayor necesidad de líquidos. En estado normal, solo beber cuando el cuerpo así lo pide.
Dado que debemos evitar las bebidas industrializadas, es bueno volver al sano hábito de las limonadas caseras, que pueden enriquecerse con una cucharadita de miel de abejas ó azúcar mascabo y unas gotas de salmuera (hecha con sal de roca). Así dispondremos de una saludable bebida refrescante, alcalinizante y altamente mineralizante (isotónica).
Esto también se aplica a los jugos y licuados que podemos hacer en casa. Solo la imaginación pone límites a las infinitas combinaciones posibles en base a frutas y verduras. Es siempre aconsejable hacerlos y consumirlos en el momento, dado que muchos nutrientes allí presentes (vitaminas, enzimas) se degradan rápidamente por oxidación. No olvidar la recomendación de licuados en relación a jugos extraídos por centrifugación, proceso éste que elimina la importante fibra soluble que acompaña al metabolismo de los azúcares del vegetal.
Párrafo especial para el kéfir de agua y el agua enzimática, preparados caseros que regulan la flora intestinal y que pueden beberse en distintos momentos del día. El kéfir se obtiene por cultivo regular de nódulos que fermentan la mezcla de agua, limón, azúcar y frutas pasas, generando una bebida ligeramente ácida y gasificada, altamente enzimática y digestiva. El agua enzimática se obtiene remojando brotes en agua durante un par de días. Ambas técnicas están desarrolladas en próximos capítulos.
En una despensa saludable, debemos reservar un espacio a elementos que nos permitan preparar distintas y variadas formas de ingestas líquidas. No deben faltar hierbas para realizar infusiones digestivas, depurativas, hepáticas y relajantes. Se sugiere tener a mano, entre otras: boldo, diente de león, llantén, cardo mariano, cedrón, manzanilla, marcela, melisa, menta, ortiga, valeriana, pasionaria y zarzaparrilla.
Dos observaciones respecto a las infusiones y su concepto de “vivo”. El uso de temperaturas para su obtención (unos 90ºC) no está actuando sobre alimentos, sino sobre hierbas y raíces que usamos por principios activos y no nutricionalmente. Por ello se suele hacer uso de tinturas de hierbas, obtenidas por maceración hidroalcohólica en frío. Para los más puristas, existe siempre la opción de realizar infusiones en frío.
Macerar hierbas en frío es una técnica usada en el Ayurveda hindú, para evitar destruir principios activos termosensibles de los vegetales con propiedades medicinales. Básicamente consiste en macerar hierbas en agua fresca (en lo posible destilada), a fin de extraer lentamente los principios activos al agua. Los tiempos dependen del vegetal en cuestión, pero rondan entre 12 y 24 hs. La recomendación de mantener fresca el agua es para evitar fermentaciones y olores/sabores no deseables.
Sugerencia práctica: macerar hierbas en el agua para beber. Por la noche, introducir agua fresca en un termo, agregar hojas de la hierba deseada, tapar y dejar macerando durante la noche: tomar durante la mañana. Se pueden agregar unas gotas de salmuera integral, limón o algún trozo de algas marinas (efectos mineralizantes y alcalinizantes).
Con relación al aspecto vibracional del agua, es reconocida su extraordinaria capacidad de recepción y transmisión, siendo la base de la homeopatía y de muchas terapias vibracionales. En este sentido podemos beneficiarnos de sus atributos, captando por su intermedio la energía fotónica proveniente del sol. Para ello basta con exponer el agua para beber a los rayos del sol durante al menos 4 o 5 horas, cuidando usar jarras o recipientes de vidrio. Eso basta para usufructuar su poder bactericida (desinfectante) e incrementar su vibración a unos 9.000 angstroms (Å) de oscilación. Recordemos que un organismo sano oscila entre 7.000 y 7.500 Å.